Los demás miembros del grupo interrumpieron su silencio, comenzando a expresar la alegría que sentían por el desenlace del incidente. Utilizar la línea de comunicación era posible de nuevo, pues había sido reabierta por Kurius, aunque ahora presentaba una fuerte distorsión e interferencia. Aun así, la degradación en la calidad del audio no fue suficiente para impedir que compartieran su sentimiento de júbilo. Cada uno envió palabras de apoyo a Edgar y agradecimiento al robot por su ágil reacción.

Uno de los primeros en hacerlo fue Arturo, quien jocosamente preguntó:

—¿Quién fue el que me dijo una vez que tener un androide en el equipo era innecesario?

—Sabes que lo dije hace mucho tiempo —objetó Edgar, recuperando la compostura y sonriendo tímidamente—. Por supuesto, ahora me trago esas palabras.

—Espero entonces que tenga buena digestión —sentenció Kurius aludido—, pues son paladas pesadas y su estómago debe estar un poco delicado ahora mismo.

El comentario reflejó la elaborada calibración de sus parámetros de interacción social.

—Vaya… no sabía que el robot tenía un sentido del humor tan ácido —se animó a articular en voz baja el teniente Rivero, que rara vez hablaba, sin dirigir el comentario a nadie en particular.

—No sé cómo pueden bromear después de algo así —murmuró Tamara con una expresión de alivio, aunque sus ojos aún reflejaban sorpresa y alarma—. Qué feliz me hace que estés bien, Edgar.

—Qué alivio… casi me matas del susto —dijo Gloria desde arriba—. Es grato saber que estás bien.

—Les agradezco mucho —expresó Edgar.

El viento, que antes parecía amenazante, ahora soplaba con suavidad, como si también se hubiera relajado tras el súbito momento de angustia. Los vítores y las exclamaciones distendidas de los compañeros resonaban en la amplitud del lugar, mezclándose con el zumbido suave de los drones que volvían a sus posiciones previas para proseguir con la grabación. La función debía continuar; aún restaban algunos metros para aterrizar en la plataforma creada por la naturaleza, a medio camino entre el borde y el fondo del abismo.

Disipado el momento de angustia, la tranquilidad retornó a las mentes de los expedicionarios. Cada uno quedó sumido en sus propias preocupaciones mientras continuaba el descenso. Arturo, por su parte, volvió a enfocar sus pensamientos en aquello que lo obsesionaba. Mientras su cuerpo descendía en rápel de manera casi automática, su mente divagaba: «Sé que vino a mí aún enamorada de él, y lo acepté. Ahora debo ser paciente. Iván ya no está. Yo estuve a su lado cuando él la defraudó, y con el tiempo él será solo un recuerdo. El cariño que hoy siente por mí se convertirá en amor. Solo tengo que darle su espacio y esperar».

Al despuntar la tarde, la delantera del grupo alcanzó la terraza. Pronto procedieron a levantar tiendas y prepararse para pasar allí la noche, esperando a que los cuatro escaladores restantes recorrieran el tramo que ellos acababan de completar. Kurius, por su lado, se apresuró a volver arriba para escoltar y apoyar a la otra mitad del equipo durante su descenso.

—Volveré arriba; espérenme para comenzar a bajar con ustedes —sentenció Kurius dirigiéndose a los miembros del equipo que se encontraban en lo alto.

—En-ten-di-do —contestó Gabriel de forma poco inteligible, dado que su voz se escuchaba entrecortada y solapada por la irrupción de un molesto ruido blanco, un agudo silbido que hizo arrugar la frente a todos los receptores del canal de audio—. Es-pe-ra-re-mos.

—¿A qué se debe esa dificultad tan severa en el sonido del intercomunicador? —preguntó Arturo desconcertado, interpelando al robot—. ¿Habrá algún instrumento defectuoso? Nunca habíamos tenido un problema así en el sistema de comunicación.

—Parece estar relacionado con una especie de flujo energético que he estado detectando desde que ocurrió el suceso con el doctor Páez —expuso Kurius sin inmutarse—. No les comenté antes por no contar aún con datos suficientes para determinar su condición y procedencia.

—Pero, ¿crees que pueda tratarse de algo peligroso? —interrogó Tamara con auténtica duda—. ¿Piensas que esa energía puede causar daños a otros sistemas?

—No poseo indicios sólidos de que estas ráfagas electromagnéticas sean capaces de ocasionar daños mayores a nuestros sistemas —afirmó Kurius de manera un tanto ambigua—; sin embargo, no puedo descartar ninguna hipótesis hasta contar con datos concluyentes.

—Pues continúa recabando información —ordenó Arturo con firmeza—. Sube como está planeado para traer a los demás. Mantennos al tanto de cualquier novedad que puedas captar.

—Por supuesto.

Durante las horas inmediatas cesó la obstrucción sufrida por los equipos de comunicación. Kurius aún percibía esporádicamente leves ondas propias de campos energéticos cuyo origen no conseguía localizar con exactitud. En apariencia, esto no constituía un riesgo elevado, por lo que procedió según el plan, conduciendo cuesta abajo al segundo contingente de exploradores.

Los exoesqueletos que empleaban Gloria, Javier, Gabriel y Bruno les permitían mantener un muy buen ritmo de escalada sin sufrir un desgaste físico agotador; por lo cual, de mantener el paso, podrían mejorar el tiempo en que sus compañeros más experimentados concluyeron el primer tramo de rápel.

De pronto, estando aproximadamente a la misma distancia en la que Kurius detectó por primera vez aquellos pulsos electromagnéticos, estos volvieron a hacerse presentes con mayor intensidad que en la ocasión anterior.

—Mis sensores detectan de nuevo una extraña energía surgiendo desde múltiples orígenes en simultáneo —informó Kurius con urgencia, pasando inmediatamente a la acción sin requerir confirmación para ello—. Procedo a realizar un escaneo láser panorámico de corte transversal para trazar las características de la perturbación.

Instantáneamente, un veloz fulgor iluminó la zona, cubierta en ese momento por la sombra que proyectaba el muro de roca al bloquear la luz del sol en lo alto. Al inesperado flash le siguió un electrizante sonido y, en simultáneo, la pérdida del conocimiento de todos los presentes. Pero no solo las conciencias de las personas en el área fueron puestas en pausa: también todos los circuitos electrónicos resultaron estropeados.

Un silencio sepulcral se apoderó de la sima…