En esta oportunidad, quiero conversar sobre la elaboración del ambiente o contexto en el cual se desarrolla la trama de una historia, lo cual no solo tiene que ver con los paisajes o locaciones en que se ubican los personajes, sino también con las características de la sociedad, los eventos históricos previos, los fenómenos naturales… que diferencian al universo en el que transcurren los hechos narrados.
Aunque en este caso nos enfocaremos concretamente en el género de la ciencia ficción, que es mi favorito, el worldbuilding es igualmente aplicable a historias de fantasía, terror y en menor grado a otros géneros literarios. Se trata de establecer normas consistentes para el mundo en el que los personajes actuaran, de modo que se mantenga una adecuada coherencia narrativa, permitiendo al lector comprender, al menos superficialmente, el porqué de los sucesos que acontecen durante la narración.
Cuando se escribe una obra de fantasía, suele utilizarse como base para la construcción del mundo, determinados elementos mitológicos presentes en la cultura popular de sociedades pasadas, como por ejemplo la Europa Medieval. En cambio, en la ciencia ficción se emplean preceptos filosóficos, postulados técnicos, teorías científicas e hipótesis pseudocientíficas, para fundamentar las condiciones que sirven de ambientación al relato. Por lo tanto, el worldbuilding no es simplemente incluir seres o paisajes irreales en la historia, sino algo mucho más serio, que requiere una buena dosis de estudio y creatividad.
El académico Darko Suvin establece el término Novum, para referirse a las ficticias innovaciones tecnológicas o científicas que distinguen a un universo de ciencia ficción del mundo real, haciendo hincapié en que este género literario se diferencia de la fantasía en que el mencionado Novum, debe sustentarse en cierto grado, sobre lógica cognitiva, a diferencia de conceptos como la magia, que no tienen ningún asidero en la realidad comprobable, sino en la mitología y el misticismo.
En ese sentido, escribir una obra de ciencia ficción, requiere de la creación de dos historias o más bien dos dimensiones de la misma, la primera de esas dimensiones corresponde a la historia central que protagonizan los personajes, la cual puede ser una de amor, de aventura, de drama, de comedia… La segunda dimensión, la que le da a la obra su carácter de ciencia ficción, es la que describe al mundo con sus respectivas singularidades o individualidades, respecto a otros universos narrativos, es decir, la que explica en qué consiste el Novum de ese relato en específico.
Por lo tanto, una parte fundamental, si queremos escribir una buena historia de ciencia ficción, es desarrollar un universo que exhiba una buena cuota de originalidad y que evidencie total coherencia interna. Otro elemento primordial, que puede confundirse con la coherencia, pero que corresponde a algo muy diferente, es la verosimilitud, que debe existir en menor o mayor grado, dependiendo del nivel de realismo que se pretenda imprimir a la obra. Existe un pacto implícito o acuerdo tácito, entre el autor y el lector, que se establece espontánea e intangiblemente y define la frontera entre lo creíble y lo increíble. Obviamente, me refiero a un pacto hipotético o virtual que el propio autor debe diseñar y estar dispuesto a cumplir y respetar.
La edificación del mundo, debe, en mi opinión, afrontarse como la creación de un personaje, me refiero a que, es necesario prestar atención a los más básicos detalles y conocer el proceso que le ha llevado a ser como es. Del mismo modo, en que un personaje tiene una apariencia física, una personalidad y una condición sociocultural, igualmente el mundo tiene un aspecto o imagen única, así como un tipo particular de sociedad, sus individuos poseen una cultura, presenta una historia… por lo tanto su impacto o efecto sobre los personajes, no es el mismo que el de cualquier otro y eso debe notarse en ellos.
Por otro lado, el mundo puede tener sus propios diálogos, en el sentido de que, en muchos casos la ambientación de las escenas es capaz de decir mucho, pues tiene asociado un simbolismo, que le permite expresar mensajes de forma visual, a la vez que establece el tono de los eventos en que se desarrollan los personajes. Esto significa, que el escritor debe no solo perseguir la coherencia del universo narrativo, sino también, empeñarse en darle un significado referencial a cada espacio o cada característica cultural y social de la contextualización o el entorno.
Quizá para quienes no son proclives a leer historias de ciencia ficción, no parezca demasiado importante la creación del mundo, pues a simple vista parece ya todo está inventado y explorado, pero para un lector asiduo y ferviente del género, resulta primordial para que se sienta satisfecho con una obra, que esta cuente con un mundo con reglas y características interesantes, verosímiles, coherente y originales, de lo contrario, quizá la trama sea satisfactoria, pero difícilmente podrá cautivar a este tipo de público y llegar a ser considerada como una buena historia de ciencia ficción.